jueves, 28 de mayo de 2009

De hoy y Nunca

Sueño que el diario de mi vida se convierte en un cómic en blanco y negro
o quizás en sepia,
con viñetas que se mantienen en ilusorio movimiento, como el movimiento mismo. Ahí, en el cómic se esconde el sueño, el sueño de un comic que parece soñado, pero que no se conforma con ser memoria ni cómic. La desfachatez mezclada con tintas de vino y saliva ácida en las mañanas inolvidables de la eterna juventud que se acaba como todo, viendo pasar el tiempo con un cigarrillo entre los labios con las manos manchadas o dormidas o cortadas después de una pesadilla recurrente en donde siempre estoy despierto en algo que se asemeja a los sueños.
La verdadera condición de la ficción, engañarse sin pretensión de creerse la mentira ni la verdad.
La cabeza gacha con los ojos mirando un punto muerto, una línea muerta, una mano muerta, una poesía en decadencia que llamo liberación de mis ataduras auto-impuestas. Liberación, liberación, Liberación, es nuestro grito- y si no es nuestro me niego al nosotros- Aclamamos a gritos, nosotros los hijos del cemento y la vulcanita, nuestra propia liberación y con el solo grito no bastará. Luchamos contra la lucidez en lata y los sorbos de energía duracell. La cotidianidad hecha añicos en un abrir y cerrar de puños. La pelea constante contra dios y las cagadas que lo hacen posicionarse como un hijo de puta que sin existir EXISTE, para conveniencia de los ilusionistas más macabros, los ilustrados más alumbrados, resplandecientes y pulidos. El árgot está bajo la portada de una revista de cisnes ambulantes y desérticos. Una vez más nos enfrentamos al holocausto con las mascarillas perforadas. Herederos de nubes que un día se transformaran en sentidos latos de lluvia ácida. Pendejerias que antaño ya fueron la trampa que atrapó a hermanos lobos criptográficos. El secreto de una trasngeneración sin territorio y sin tiempo, pero presente como los borrachos barbudos que invaden las ciudades en busca de su destrucción. Nuestro grito siempre será un eco imborrable, un quizás sin retorno