Un acercamiento temprano a la cotidianidad nos indica que, aunque parezca que a un porcentaje (K%) se le puedan imputar atributos humanos, no es en realidad un motivo para jurar de guata lo que se dice de tal o cual porciento. Por ejemplo, a mi no me importa ni concibo la existencia de la manera en que usted, el lector inmediato de este texto frente suyo, lo hace. Incluso usar usted, en vez que otro vocativo que refiriese a la persona que lee el texto, es un completo agujero negro para su entendimiento. Tómelo usted como un gesto de respeto o mejor como un distanciamiento absoluto (equivalente a ausencia de cercanía). Sí yo asegurará que ustedes están pensando tal o cual cosa que yo de “cierta” manera preví, en una instancia de total desconocimiento del otro (UD) a medida que avanzaban las líneas, un día en que decidí escribir esto presente, sería de plantón un error, una paranoia inducida. Hipotetizarlo por el contrario sería un acto de divertimento ocioso e inútil, pero que podría develar acaso algún misterio repetido, reformulado de una manera interesante.
Y aclaro que, de ninguna manera coincido con la opinión de que todos somos iguales, ni que algunos somos malos y otros son buenos o al revés, ni menos aun con la opinión altruista de que todos somos especiales (opinión que finalmente es igual a la primera de que todos somos iguales). Todos somos, es quizás una afirmación inherente al status quo, que por casualidad preocupa solo a los que les molesta. Como todo lo que molesta y preocupa.
¿Todos somos vertebrados, resoplados, reprimidos, extorsionados, direccionados, amargados, números, menos que piezas, menos que mujeres, menos que hombres, menos que niños, menos que seres, menos que dioses, más que ficciones, sólo ficciones que confundimos como tantos otros?
Somos, aparentemente, apariencias limitadas a lenguajes de símbolos y por mucho que haya por escribirse (ingenuidad patológica de un sinfín de escritores), estamos sisíficamente condenados a empujar una bola de caca como bichos preciosos de cascaron indestructible. Cerrados los polos no esperemos que los deseos indeseables se vayan a polarizar en fracaso o triunfo. Si destruimos esta humanidad, nos agradecerán, o no, un millón de millones de hijos de putas que aun no comparten nada de nuestra mediocre humanidad esclava de ficciones impuestas y preservadas y adoradas y por las cuales me podrían contratar debido al error de haber estudiado. Que el que sufra escupa sangre o que se mate, que realice con éxito la condena del sufrimiento.
Yo me quedo con el sabor a tierra & dolor de cabeza que te sobrepone a la sacadadechucha.
De la relativologia es el dolor del que agoniza en paralelo con el que firma un cheque para pagar el restorán con los amigos y las putas de sus mujeres enviciadas en el rito insostenible de la familia y en contraposición con la cara de hueón que pongo cuando escribo en el computador frases que borro con insistencia y que no se borran realmente, o que por ser borradura resultan selección, exclusión, margen, inscripción, bajo el alero de una oración de miles de creyentes decrépitos que agonizan la vida sin pensar en el beneficio de sus muertes, entreviendo cómo un pequeño payaso beatnik le saca las medias caladas a una secretaria de banco, después de matar a los guardias y jefes y quemar el dinero mientras se fuma un porro del p.25 de vicuña mackena. De más está precisar que el agonizante puede sanar por equis motivos, pero qué más podemos esperar: la suerte no existe. O al menos existe de una manera paraplégica.
Tengamos en cuenta que Un universo por cada pelo de la cabeza o en su defecto por cada vello púbico. Después entenderemos por qué concordar de por vida es un engaño infraganti y una razón de peso para desconectarse de la mayor cantidad de desconocidos. A la mierda toda la buena onda, toda la mierda del perdón, la tolerancia, la civilidad, la sociabilidad, la autoridad, la caridad, la democracia, la rebelión verbal de los poetas que buscan poetas para hacer grupos de poesía, para poder hacer poesía para todos, formar grupos para estar bien con todos y ojala que todos editen a todos, sin leerse incluso y sin entender porqué están leyéndose en la misma mesa flores hermosísimas, plantas cactáceas, funerales, atentados de agua de florero y cartas al editor.
Así, mi odio no tiene más razones que el amor y el altruismo. No me harto de vivir ni por amor a mis más amados amigos, que más parecen perdidos en sus cotidianidades que en la mentira de las postales de Día de X, Y o H.
Si llego a acercarme un día a la felicidad, quemaré todo lo que me digan que me es bueno y vomitaré todo lo que intenten poner en mi boca semi-cerrada. Yo soy mi odio y mi amor por mi vida, nunca por La Vida.
Un día estaré absolutamente consciente de lo que Jack hizo en mi cabeza
a escondidas.
lunes, 25 de enero de 2010
miércoles, 14 de octubre de 2009
que se vaya por la borda!
por qué vamos a pararnos a mirar/vivir la vida si ésta nos lanzará indefectiblemente por la borda
a un mar que no es mar ni recuerdo de mar
más bien mar de ceniza incendiaria.
un pequeño barco se detiene a las orillas de otro nuevo continente y comienzan a bajar por montones siglos de violencia,
(la historia apabullante del hombre/
omitiendo, claro, la historia de la mujer)
tomándose de sus maletas cargadas de otro lugar que al igual que cualquier otro es otro lugar y nunca el lugar de nadie.
Uno de estos días recibiré un mensaje de Rodrigo Lira que dirá: los lugares esconden formas extrañas llamadas vida zombi. Ni abajo ni arriba te están esperando, date prisa.
suena el teléfono de Mahra
/mutante desconocida/
quien es incapaz de contestar sin antes tomarse media cañita,
enferma de nervios y calculos existenciales,
a los días, quizá semanas o eones, Mahra cae en cuenta de que aló es una convención bastante imbecil como para repetirla de manera automática, cíclica, periodica, cotidiana y además con una sonrisa de bailarin neozelandés en los labios.
que se vaya por la borda!
por qué vamos a pararnos a mirar/vivir la vida si ésta nos lanzará indefectiblemente por la borda
a un mar que no es mar ni recuerdo de mar
más bien mar de ceniza incendiaria.
un pequeño barco se detiene a las orillas de otro nuevo continente y comienzan a bajar por montones siglos de violencia,
(la historia apabullante del hombre/
omitiendo, claro, la historia de la mujer)
tomándose de sus maletas cargadas de otro lugar que al igual que cualquier otro es otro lugar y nunca el lugar de nadie.
Uno de estos días recibiré un mensaje de Rodrigo Lira que dirá: los lugares esconden formas extrañas llamadas vida zombi. Ni abajo ni arriba te están esperando, date prisa.
suena el teléfono de Mahra
/mutante desconocida/
quien es incapaz de contestar sin antes tomarse media cañita,
enferma de nervios y calculos existenciales,
a los días, quizá semanas o eones, Mahra cae en cuenta de que aló es una convención bastante imbecil como para repetirla de manera automática, cíclica, periodica, cotidiana y además con una sonrisa de bailarin neozelandés en los labios.
que se vaya por la borda!
jueves, 27 de agosto de 2009
lunes, 6 de julio de 2009
Escribir sin ganas...
Escribir sin ganas de acercarte a la esperanza
A ninguna esperanza.
seguimos masturbándonos con las ideas que nos ofrecen,
el sexo está de moda desde que la vagina existe
la contemporaneidad del mete y saca.
sentado como un estúpido en los buses, agonizando
esperando que la parca te rescate del miedo y
te lleve al falso horror
LA SOLEDAD
como siempre, el engaño del tiempo,
el engaño del progreso lineal.
confusión de tiempos divergentes en uno solo.
la misma chica vestida de escolar,
haciéndolo todo por ser la nueva pornostar,
cada semana,
las incomparables,
las de las mamadas sistémicas.
Placer en los horarios puntas y en los grises
color plata sangre carne degollado.
Escribir y quedarse con ganas de una paja
por dos o tres versos que no parecen tuyos
y que por supuesto no lo son
ya nunca más.
A ninguna esperanza.
seguimos masturbándonos con las ideas que nos ofrecen,
el sexo está de moda desde que la vagina existe
la contemporaneidad del mete y saca.
sentado como un estúpido en los buses, agonizando
esperando que la parca te rescate del miedo y
te lleve al falso horror
LA SOLEDAD
como siempre, el engaño del tiempo,
el engaño del progreso lineal.
confusión de tiempos divergentes en uno solo.
la misma chica vestida de escolar,
haciéndolo todo por ser la nueva pornostar,
cada semana,
las incomparables,
las de las mamadas sistémicas.
Placer en los horarios puntas y en los grises
color plata sangre carne degollado.
Escribir y quedarse con ganas de una paja
por dos o tres versos que no parecen tuyos
y que por supuesto no lo son
ya nunca más.
jueves, 11 de junio de 2009
RECUERDOS DE PABLO
Le gustaba mirar a las chicas subir por la escalera. Él debajo de la escalera erecto y alegre. Siempre riéndose de quien no entendía. Siempre molestando a quien si entendía. Estaba al límite de la imbecilidad, pero para mí su inteligencia no estaba en cuestión. Me contó cuando ya teníamos como unos dieciséis u diecisiete años, en absoluto secreto, que en un paseo del curso se había acostado con una compañera. Luego se les unió otro compañero y así hasta que la mitad de nuestros amigos en común, que no eran más de cuatro, terminaron metidos en la misma cama y en las mismas condiciones de desnudez y excitación. Una vez, esa misma compañera nos relato a mí y a otros dos compañeros, qué había sentido cuando su primer pololo la penetró en la cocina de su casa. Muchos decían que ella era una puta, yo pienso que solo pensaba en pasarla bien, aunque luego siempre se arrepintiera.
Yo no fui al paseo, pero nunca he pensado que lo que él me contaba fuera falso. Pablo solía diseñar aviones en clases y cuando los profesores parecidos a perros policiales lo sorprendían bosquejando, le decían que dejara de hacer estupideces y que se preocupará de aprender las materias que si le servirían para ser alguien en la vida. Yo entiendo a los profesores y los odio, principalmente, por suponer que lo que uno puede decir sea importante para la vida de otros, como si la vida fuera lo mismo para todos, como si la vida fuera algo más que un laberinto con centro abismal.
Pasado el tiempo, Pablo se fue a un país de Centroamérica, no sé a cual con exactitud, y desde el último año de colegio no supe nada más de él. Sin duda fue mi primer amigo. De él aprendí que era más fácil mentirle a mi madre que a un amigo. La amistad de los niños -al menos de los niños que yo conocí, del niño que yo fui- estaba acompañada por un extraño principio de celo. Es probable que no sea una generalidad y sinceramente no me importa si lo es o no, pero así es como recuerdo la amistad de niño. Una amistad egoísta. En reiteradas ocasiones me ocurrió que los pocos amigos que tuve se enojaban porque jugaba con uno o con otro. No debido a mi popularidad –la cual era nula y sigue siéndolo, por cierto- sino al reclamo por el tiempo. Al parecer el tiempo es una cuestión controversial desde la infancia. Sinceramente yo también sentí reiterados principios de celo cuando mis amigos se olvidaban de “nuestra” amistad. Pero con la misma sinceridad puedo decir que en mi juventud no volví a celar a un amigo. La soledad es una cuestión que lo sumerge a uno en un estado de egoísmo interno, a-externo, en donde el yo apresura, e inventa entre comillas, al espíritu a su propio tiempo. Esto en mi caso fue natural, de muy pequeño me acostumbré a estar sin niños de mi edad. Pablo olvidó nuestra amistad, pero para entonces yo tenía ya diecisiete años. Desde cuarto medio que no tenía noticia de Pablo. En una azarosa reunión con un par de ex compañeros, hace unas semanas, me contaron que mi amigo de la infancia reconocía su homosexualidad. No me extrañó. Tal como yo había sido oyente, hace unos nueve años atrás, de la historia de su alocado encuentro sexual -en el cual habían hecho gritar como una loca a nuestra compañera- ahora, otro había sido el receptor de una declaración igual de pública. Hace nueve años me llamaba la atención el hecho que Pablo hubiera acompañado a mi compañera a abortar. Ahora me llamaba la atención el que ya no se pusiera a esperar a que las chicas subieran la escalera.
Yo no fui al paseo, pero nunca he pensado que lo que él me contaba fuera falso. Pablo solía diseñar aviones en clases y cuando los profesores parecidos a perros policiales lo sorprendían bosquejando, le decían que dejara de hacer estupideces y que se preocupará de aprender las materias que si le servirían para ser alguien en la vida. Yo entiendo a los profesores y los odio, principalmente, por suponer que lo que uno puede decir sea importante para la vida de otros, como si la vida fuera lo mismo para todos, como si la vida fuera algo más que un laberinto con centro abismal.
Pasado el tiempo, Pablo se fue a un país de Centroamérica, no sé a cual con exactitud, y desde el último año de colegio no supe nada más de él. Sin duda fue mi primer amigo. De él aprendí que era más fácil mentirle a mi madre que a un amigo. La amistad de los niños -al menos de los niños que yo conocí, del niño que yo fui- estaba acompañada por un extraño principio de celo. Es probable que no sea una generalidad y sinceramente no me importa si lo es o no, pero así es como recuerdo la amistad de niño. Una amistad egoísta. En reiteradas ocasiones me ocurrió que los pocos amigos que tuve se enojaban porque jugaba con uno o con otro. No debido a mi popularidad –la cual era nula y sigue siéndolo, por cierto- sino al reclamo por el tiempo. Al parecer el tiempo es una cuestión controversial desde la infancia. Sinceramente yo también sentí reiterados principios de celo cuando mis amigos se olvidaban de “nuestra” amistad. Pero con la misma sinceridad puedo decir que en mi juventud no volví a celar a un amigo. La soledad es una cuestión que lo sumerge a uno en un estado de egoísmo interno, a-externo, en donde el yo apresura, e inventa entre comillas, al espíritu a su propio tiempo. Esto en mi caso fue natural, de muy pequeño me acostumbré a estar sin niños de mi edad. Pablo olvidó nuestra amistad, pero para entonces yo tenía ya diecisiete años. Desde cuarto medio que no tenía noticia de Pablo. En una azarosa reunión con un par de ex compañeros, hace unas semanas, me contaron que mi amigo de la infancia reconocía su homosexualidad. No me extrañó. Tal como yo había sido oyente, hace unos nueve años atrás, de la historia de su alocado encuentro sexual -en el cual habían hecho gritar como una loca a nuestra compañera- ahora, otro había sido el receptor de una declaración igual de pública. Hace nueve años me llamaba la atención el hecho que Pablo hubiera acompañado a mi compañera a abortar. Ahora me llamaba la atención el que ya no se pusiera a esperar a que las chicas subieran la escalera.
jueves, 28 de mayo de 2009
De hoy y Nunca
Sueño que el diario de mi vida se convierte en un cómic en blanco y negro
o quizás en sepia,
con viñetas que se mantienen en ilusorio movimiento, como el movimiento mismo. Ahí, en el cómic se esconde el sueño, el sueño de un comic que parece soñado, pero que no se conforma con ser memoria ni cómic. La desfachatez mezclada con tintas de vino y saliva ácida en las mañanas inolvidables de la eterna juventud que se acaba como todo, viendo pasar el tiempo con un cigarrillo entre los labios con las manos manchadas o dormidas o cortadas después de una pesadilla recurrente en donde siempre estoy despierto en algo que se asemeja a los sueños.
La verdadera condición de la ficción, engañarse sin pretensión de creerse la mentira ni la verdad.
La cabeza gacha con los ojos mirando un punto muerto, una línea muerta, una mano muerta, una poesía en decadencia que llamo liberación de mis ataduras auto-impuestas. Liberación, liberación, Liberación, es nuestro grito- y si no es nuestro me niego al nosotros- Aclamamos a gritos, nosotros los hijos del cemento y la vulcanita, nuestra propia liberación y con el solo grito no bastará. Luchamos contra la lucidez en lata y los sorbos de energía duracell. La cotidianidad hecha añicos en un abrir y cerrar de puños. La pelea constante contra dios y las cagadas que lo hacen posicionarse como un hijo de puta que sin existir EXISTE, para conveniencia de los ilusionistas más macabros, los ilustrados más alumbrados, resplandecientes y pulidos. El árgot está bajo la portada de una revista de cisnes ambulantes y desérticos. Una vez más nos enfrentamos al holocausto con las mascarillas perforadas. Herederos de nubes que un día se transformaran en sentidos latos de lluvia ácida. Pendejerias que antaño ya fueron la trampa que atrapó a hermanos lobos criptográficos. El secreto de una trasngeneración sin territorio y sin tiempo, pero presente como los borrachos barbudos que invaden las ciudades en busca de su destrucción. Nuestro grito siempre será un eco imborrable, un quizás sin retorno
o quizás en sepia,
con viñetas que se mantienen en ilusorio movimiento, como el movimiento mismo. Ahí, en el cómic se esconde el sueño, el sueño de un comic que parece soñado, pero que no se conforma con ser memoria ni cómic. La desfachatez mezclada con tintas de vino y saliva ácida en las mañanas inolvidables de la eterna juventud que se acaba como todo, viendo pasar el tiempo con un cigarrillo entre los labios con las manos manchadas o dormidas o cortadas después de una pesadilla recurrente en donde siempre estoy despierto en algo que se asemeja a los sueños.
La verdadera condición de la ficción, engañarse sin pretensión de creerse la mentira ni la verdad.
La cabeza gacha con los ojos mirando un punto muerto, una línea muerta, una mano muerta, una poesía en decadencia que llamo liberación de mis ataduras auto-impuestas. Liberación, liberación, Liberación, es nuestro grito- y si no es nuestro me niego al nosotros- Aclamamos a gritos, nosotros los hijos del cemento y la vulcanita, nuestra propia liberación y con el solo grito no bastará. Luchamos contra la lucidez en lata y los sorbos de energía duracell. La cotidianidad hecha añicos en un abrir y cerrar de puños. La pelea constante contra dios y las cagadas que lo hacen posicionarse como un hijo de puta que sin existir EXISTE, para conveniencia de los ilusionistas más macabros, los ilustrados más alumbrados, resplandecientes y pulidos. El árgot está bajo la portada de una revista de cisnes ambulantes y desérticos. Una vez más nos enfrentamos al holocausto con las mascarillas perforadas. Herederos de nubes que un día se transformaran en sentidos latos de lluvia ácida. Pendejerias que antaño ya fueron la trampa que atrapó a hermanos lobos criptográficos. El secreto de una trasngeneración sin territorio y sin tiempo, pero presente como los borrachos barbudos que invaden las ciudades en busca de su destrucción. Nuestro grito siempre será un eco imborrable, un quizás sin retorno
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